Lo que pediría un abusado a la Iglesia.

Viernes, 26 de Marzo de 2010 por monstresdecameva

Carta de Enrique Pérez Guerra. Autor de “Las tardes escondidas” y participante en el documental.

De un tiempo a esta parte, el abuso sexual infantil llevado a cabo  por religiosos no deja de saltar a las primeras páginas, transformando, parece, en cascada un caudal largo tiempo embalsado.

Sin embargo, hace cuarenta años yo mismo tuve ocasión de conocer esa realidad. Soy uno de esos niños.

No caería en el victimismo si dijera que compensar lo que supuso y lo que arrastró para mí aquella experiencia es algo de todo punto inviable.

Qué quisiera para aquel sacerdote que hizo de mi intimidad su dominio, no lo sé. No aspiraría, si él viviese, a la venganza. Desearía y deseo un imposible: su inexistencia. Que nunca mis pasos, ni los de ningún niño, se hubiesen cruzado con alguien así.

Qué quisiera de la institución religiosa, la Iglesia en este caso, algo muy sencillo: claridad.

No me basta con una petición de perdón difusa y descomprometida; más autodisculpa que auxilio moral a los vejados.

El testimonio que puedo aportar es tan escueto como elocuente.

Tengo constancia de que aquella comunidad conventual tenía conocimiento de que yo y otros niños visitábamos esa celda. De hecho, una vez le pillaron in fraganti.

Curiosamente, iba a escribir “me pillaron”. Debe ser una de las cicatrices que formará para siempre parte de mi alma.

Treinta años después me dirigí al abad del convento para decirle que allí yo había estado, que lo acababa de plasmar en un libro y que ese libro iba a salir publicado.

Para colofón le envié una copia de “Las Tardes Escondidas”.

Quería que supieran lo que entre sus paredes había ocurrido. A cambio sólo venía a pedir que me informaran de cómo era esa persona. Buscaba pistas para interpretar porqué me pasó lo que me pasó.

Debía ser demasiado.

Un “muy bien… muy bien” de compromiso fue la contestación. Diez años después sigo a la espera.

Pese a una creciente presión social, percibo parecido silencio. La misma ocultación.

Da la impresión de que la pretensión de la autoridad eclesiástica no alcanza más allá de cubrir el expediente, insinuar que no es para tanto y confiar en que el olvido ponga distancia por el medio.

Reivindico la transparencia, abrir las ventanas del pasado, que se contemple nuestro rostro y que se impida que otros niños sean presas del mismo silencio que selló nuestras vidas.

No es justo que precisamente sobre nosotros recaiga el peso de tan doliente sinceridad.

Enrique Pérez Guerra.

Educador Social en Fiscalía de Menores de Palma de Mallorca.

Miembro de RANA (Red de Ayuda a Niños Abusados).


Entrevista a Carmen Artero en Antena 3

Miércoles, 24 de Marzo de 2010 por monstresdecameva

Acabamos de publicar la entrevista a Carmen Artero en “Espejo Público” de Antena 3. La podéis ver en: http://vimeo.com/10410052

¿Por qué existe este documental? Reflexiones de Marta Hierro

Viernes, 19 de Marzo de 2010 por monstresdecameva

Este documental surgió a raíz de un reportaje sobre familias de acogida que no hice yo, pero en el que me tocó sustituir, no sin frustración, a una compañera que no podía asistir al rodaje en casa de una familia acogedora. Yo tenía el falso prejuicio de que el tema de las familias acogedoras era algo así como un adorno infantil que se pone en programas e informativos, porque sacar a niños por la tele siempre queda bonito. En general, este es el tratamiento superficial que los medios de comunicación damos a este asunto.

Cuando salí de casa de Carmen, mi idea había cambiado por completo. Me di cuenta de que si los niños están acogidos, es por un motivo. ¿Qué es lo que ha pasado en sus vidas para que estén ahí? ¿Qué tragedia hay detrás de esos niños? ¿Y detrás de otros niños, que siguen sufriendo en sus casas? Dicho así, parece muy fácil de ver. Después de estar en esa casa y de haber conocido a los cuatro niños que Carmen tenía acogidos en aquel momento, después de haberles mirado a los ojos y de saber lo que les había pasado, el impacto fue total. Yo había llegado con un prejuicio que todo el mundo tenía, y ese prejuicio había que intentar eliminarlo.

Los niños no son felices todo el tiempo, aunque a menudo lo parezcan. No nos quedemos en la superficie. Los niños viven situaciones de violencia, como los adultos. Será física, verbal, emocional… pero violencia, al fin y al cabo. Los niños sufren, como los adultos. Y gran parte de ese sufrimiento lo viven dentro de su familia, aunque esta afirmación duela a muchos, porque les hace cuestionarse la base de su estructura social. Quedarnos en ese tabú, no nos ayuda a solucionar el problema.

Más allá de las situaciones de grave desprotección, planteémonos la manera en la que tratamos a la infancia. A menudo tratamos a los niños con una falta de respeto que jamás tendríamos con un adulto. ¿No les consideramos personas completas? ¿O es un “simple” abuso de poder? Os sugiero que no miréis lejos, que echéis un vistazo a lo que pasa cerca de vosotros.

No todos lo que leáis este blog sois padres. Pero absolutamente todos sois hijos. No todos habéis vivido situaciones de desprotección. Pero todos hemos presenciado situaciones de negligencia, de abandono emocional y de violencia, o contra nosotros mismos, o contra los demás. Y todos podemos hacer algo para evitarlo.

Tú, ¿qué piensas?