Prostitución de Menores. Cuatro Coartadas para la Inacción. Cuatro Escusas para el autoengaño.

Sábado, 9 de Septiembre de 2017 por monstresdecameva

Primera.-
Cuando la lacra de la prostitución y de la trata con menores asoma un pie fuera de su sepulcral silencio apenas habrá que esperar para escuchar un: “Ésa sabe latín… ¿Cuántas veces lo habrá hecho?… Ya se sabía como iba a acabar una así… ¡De tan niña inocente, nada!”. Si la docta opinión elude la palabra “puta” estaremos de suerte.

Por inadmisible que resulte, dentro del circuito profesional encuentran espacio opiniones como éstas. Sin valoración previa ni previsión de consecuencias se sitúa a quien es la víctima y como tal debería ser considerada en el papel de culpable.

La fórmula, en esencia, es así de simple: “Si una niña o una adolescente ha llegado a ejercer la prostitución es porque se lo merece”. Merced a este supuesto nuestra responsabilidad ciudadana se reencuentra con la calma, el deber de las administraciones escapa al compromiso electoral, el punto de mira mediático pasa de largo y el compromiso profesional hace la vista gorda.

Navegamos al dictado del silencio políticamente correcto.

Pudiéramos admitir que la prostitución temprana hace mayor mella en población de riesgo. Con criterio académico esta afirmación encaja en la ortodoxia. Pero no nos llevemos a engaño; no creamos haber así alcanzado la orilla salvadora. Se trata de un fenómeno en auge y, como tal, dará alcance a población cada vez en menor riesgo.

¿Cuántas veces el ser humano se ha creído inmune a una lacra que no podría alcanzar a la normalidad de la que uno siente formar parte?

Los desheredados y desheredadas de la fortuna no habitan tan lejos de nosotros.

Ni que decir tiene que es toda una vileza moral el mirar para otro lado para, haciendo como si no existiera, convencerse a sí mismo de que no existe.

Además, si fuese esa situación de riesgo el determinante de la llegada con apenas doce o trece años a la prostitución, lo que se estaría exigiendo es la toma de conciencia hacia el problema por parte de la sociedad y el compromiso de ayuda a esas personas.

Que una niña espere tan poco de su propia vida y se sienta tan desvalida en su dignidad como para prestarse a esa práctica lo que nos está poniendo en evidencia es su petición de ayuda.

Doy fe que, si hablas con ellas, transmites cercanía, estás atento a su silencio y las respetas, acaban rogándote auxilio.

Segunda.-
Ligada, más bien inherente, a la visión de que se trata de unas manzanas podridas que para nada ponen en menoscabo la calidad de todo canasto, hallaremos la versión de que es un fenómeno residual, por tanto infrecuente y, en consecuencia, no merecedor de ser tenido en cuenta.

Aunque esa escasez fuese real, el problema tiene suficiente peso específico como para constituirse en fuente de preocupación. En este fenómeno convergen dos epidemias de nuestra sociedad: el abuso y la violencia de género. Esta convergencia viene a recaer sobre los débiles hombros de conciudadanos nuestros menores de edad. A la vergüenza y el sentimiento de culpa que impele a las víctimas de abuso para mantenerse calladas se suma la ley del silencio en forma de amenaza directa; la omertá.

Pero es que, además, es una realidad en aumento.

En seguida se piden cifras pero todos los profesionales cercanos al ámbito de menores lo sabemos… lo palpamos como una evidencia.
¿Será que ciertas verdades huyen de la estadística o será que la estadística huye de ciertas estas verdades?

Tercera.-
La expresión de inquietud por la vida de estos niños, niñas y adolescentes chocará pronto con otro muro.

Con sonrisa de candor se nos advierte de nuestra ingenuidad y se nos invita a tomar conciencia de que: “Eso ha sucedido desde que el mundo es mundo… Forma parte de la prostitución de toda la vida”.

La fórmula se ciñe aquí a sostener que la captación de personas menores de edad para las redes de prostitución es algo consustancial con la condición humana. Por tanto, la única contestación que cabe es la resignación y, a renglón seguido, la indiferencia.

No por arraigado un mal se libra, o debería librarse, de nuestro propósito de erradicarlo. Guiados de la misma pusilanimidad a la que aquí se nos está invitando no se habrían producido mejoras en la sociedad humana.

Pero es que, además, la situación actual para nada representa una mera continuidad del pasado. Cuantitativamente se percibe un incremento notorio, alarmante, progresivo, inquietante… Cada cual que elija el adjetivo. Incremento, y con eso basta.

En el espacio cualitativo los cambios también están presentes.

Se constata una prematurización en unas relaciones sexuales asimétricas, vejatorias, destructivas, utilitaristas, violentas, coaccionadas y en algunos casos, pero en sucesión de continuidad, comercializadas.

Cada vez nos encontramos más, en el trabajo con menores, ante madres que se han quedado embarazadas con catorce, trece e incluso doce años.

Así mismo se constata, la “contaminación” de estas prácticas por el consumo y venta de drogas. Entre esta población “colocarse” va camino de convertirse en sinónimo de “follar”. Los pisos de esta prostitución son también puntos de consumo y venta.

Al lado de estas pinceladas cobra presencia la figura del joven captador. Es apenas un adolescente desarraigado socialmente y con historial penal. “Contrata” su “mano de obra” generalmente entre las pandillas de la calle y en los lugares de encuentro habituales para ellos. Sin embargo, muchas veces y cada vez más se dirige a hogares de Protección de Menores donde encontrará chicas vulnerables, fácilmente persuadibles para la relación sexual y el consumo, como antesala de la prostitución. Este paso se envuelve en un discurso lúdico y desenfadado.

Por encima de la figura del captador, como en pirámide jerárquica, está entrando en escena un personaje más siniestro. Es el adulto que forma parte de una cadena delictiva. Merced a él potenciales clientes que viven en lugares distantes viajaran. ¡Bienvenidos al turismo sexual! También deja abierta la posibilidad de que esa niña o adolescente sea arrancada de su lugar de origen para ser llevada allá donde están esos clientes. ¡Bienvenidos a la trata de blancas!

Entreverado con estos desplazamientos está otro viaje y es el de la imagen. La red convertida en caudal de pornografía infantil.

Cuatro.-
“Es que es muy difícil”. Puede haber acuerdo en la victimización de estas/os menores de edad, en la envergadura y calado del problema, incluso en su nueva impronta. Sin embargo, una excusa para distanciarnos, dejando a buen recaudo nuestro calado moral, nos aguarda. “Es que es muy difícil”.

Al final del pasillo la última puerta se empeña en permanecer cerrada.

“Cambian continuamente de piso… Lo que dijeron a su amiga no lo repiten a la educadora… Nunca dan una versión coherente… Lo que dijeron a su educadora no lo repiten en Comandancia… Están ilocalizadas… Lo que dijeron en Comandancia no lo repiten en sala… Obedecen a su chico… Van colocadas… Se fugan…”.

De constataciones como éstas he tenido oportunidad de tomar cuenta.

Que quienes pretendemos encender una luz en la vida de estas personas navegamos a contracorriente, es cierto.

Que no es tiempo ni lugar donde el pionero vaya a ser recibido con abrazos, también.

Que poner voz a tanto silencio es ser pionero, sin duda.

“Es que es muy difícil” se está convirtiendo en un estribillo que recorre tangencialmente todos los estamentos implicados, o que debieran estar implicados, en el tema.

¿Es difícil por el problema en sí o es difícil por las instituciones que debieran dar respuesta? Las mismas garantías jurídicas que tanto son referidas aquí como obstáculo insalvable, mantenidas en el ámbito de la violencia de género, seguirían haciendo imposible la lucha contra ésta.

¿Quién está poniendo barreras?

Al final la justificación por la dificultad se acaba convirtiendo en pretexto y el pretexto en coartada.
Entre la pasividad y la complicidad es difusa la frontera. Allí se dan la mano quien, con mueca de sorna, señalaba a la niña como impúdica o quien, con deje de lástima, da por sentada la impotencia.

Enrique Pérez Guerra
Palma de Mallorca, a 4 de septiembre de 2017.

Mientras el bullying permanece silenciado

Martes, 25 de Octubre de 2016 por monstresdecameva

Carta de Enrique Pérez Guerra, educador social

11 de Octubre de 2016. La puerta de los Juzgados de Palma permanecen flanqueadas por cámaras y micrófonos. En Fiscalía de Menores de Baleares se va tomar declaración a los alumnos del Colegio Anselm Turmeda que habrían agredido a la niña de ocho años y que hospitalizada sigue siendo foco de las cadenas informativas.

Doy fe de que se está produciendo un incremento de los episodios de grave violencia protagonizados por menores de edad y que tienen lugar en el espacio de la convivencia. Podemos incluir en esta violencia las agresiones o el acoso continuado y estresante dentro del colegio o instituto, abusos sexuales de menor hacia menor, violencia de género entre menores, violencia fraterna y violencia ascendente que decimos los técnicos, tal es la dirigida por el hijo o la hija hacia sus progenitores.

Que constituye una realidad que se ha dado siempre, sí. Que ahora de produce más, también.

Tratando de señalar un culpable de este incremento bote pronto se apunta hacia las series de televisión, los videojuegos y la red, donde se exhiben y premian modelos de convivencia tan desigualitarios como ajenos a la ética y, en esencia, destructivos.

Sin negar la mayor añadiría, pura hipótesis, el desempoderamiento del adulto frente al niño. Sería un fenómeno de largo y denso calado. Para ilustrarlo bastaría con una sentencia tan sencilla como de difícil encaje en el lenguaje políticamente correcto. Por blindar al menor frente al adulto le hemos dejado indefenso frente a sí mismo.

Las administraciones lanzan a los cuatro vientos protocolos de bullying pero, en la verdad contante y sonante… la que se sufre día tras día, no tiene a quien acudir el menor agredido, vejado, amenazado o utilizado sexualmente por otro menor o grupo de menores más fuerte que él.

Dejar en medio del patio a un compañero desnudo de cintura para abajo, subir las faldas a una compañera para infringir quemaduras en las piernas con un mechero o convertir el WhatSapp en una cascada de mortales amenazas son, entre otros, comportamientos que me han descrito sus autores como algo trivial; como bromas intrascendentes por harto repetidas.

En su momento la primera causa de abandono escolar fue la pobreza y a ella le tomó relevo el fracaso académico. A ese riesgo yo me enfrentaba durante el que fuera mi bachillerato. En los años recientes la causa masiva de abandono ha sido y es la desidia pero ante ella se está erigiendo un poderoso contrincante: el miedo.

Lo que más me inquieta de las noticias como la que corre hoy a mi lado no es tanto su contenido si no su larga espera antes de llegar a la opinión pública.

Hasta que no hacen entrada los médicos, los policías, los juristas y los periodistas, sobre todo los periodistas, el pacto obligado es el del silencio.

Antes de que llegue ese momento, si es que llega, lo que toca es poner en tela de juicio o restar toda la importancia posible, cuando no mirar hacia otro lado.

Una niña ingresada en urgencias o un niño en el tanatorio, se ha suicidado, hasta entonces nadie ha señalado la estela de dolor que presagiaba ese destino.

Quien encarnaba una mancha para su patria antaño era desterrado. Cuando se producen situaciones de bullying quien acaba cambiando de centro es siempre la víctima. Debe suponer una mancha en el sistema educativo.

Enrique Pérez Guerra.
Educador Social.
Palma de Mallorca, 11–Octubre-2016.

De víctima a víctima de pedofilia eclesial

Martes, 5 de Julio de 2016 por monstresdecameva

Una de las personas clave que jugó un papel importante para que contáramos el caso de María, abusada por un sacerdote pederasta ahora condenado a cárcel, fue Enrique Pérez Guerra. Aquí os dejamos su carta, tras conocer la condena:

Seis años de prisión.

Parecieran pocos.

Un sacerdote pederasta, después de veinte años y ante la exposición a doce años de prisión, reconoce lo que hacía, en su rectoría por las tardes, con una niña.

Es bien posible que sean pocos años pero pararnos a valorar ahora la adecuación o no de esta resolución judicial es centrar, una vez más, el foco de nuestra atención en el pederasta y separarnos de su víctima.

El sacerdote Pere Barceló va a ingresar en prisión pero, no nos llevemos a engaño, en su largo hacer pedófilo ha tenido muchos cómplices. Una curia eclesiástica que ha volcado su empeño en evitar todo peligro para el buen nombre de la Santa Iglesia, aunque para ello se haya condenado infancia tras infancia al peor de los ostracismos. Una feligresía caciquil que cierra filas con quien encarna la continuidad de las tradiciones. Unos representantes públicos que se quedan a la espera hasta saber quien va a ser el caballo ganador. Una justicia que vuelca todo su afán en un “no vaya a ser que esta niña esté mintiendo” evitando así, por comodidad, la que debiera ser su gran cuestión “no vaya a ser que esta niña no se atreva a hablar”.

Pere Barceló tampoco es un caso aislado y la memoria de mi piel cuando era niño es testigo de ello.
Sin ánimo alguno de venganza, permite María que brinde hoy contigo porque de una vez por todas ha quedado oficialmente confirmado que llevabas razón y que la niña que fuiste no tenía culpa alguna. A través de esa inocencia tuya nos alcanza a muchos la convicción de nuestra propia inocencia.

Y, al mismo tiempo que me congratulo, no puedo dejar de llorar por los muchos silencios que han quedado en el camino. Llantos inaudibles, incluso para sí mismos.

Nuestro mayor deseo en días como hoy tal vez pudiera ser que los niños y niñas que están siendo o hemos sido reos sexuales de esas manos no tengamos que ser héroes para alzar la voz. Pues nadie trenzó nuestra genética para ser protagonistas de una epopeya.

Palma de Mallorca, a 5 – Julio – 2016.
Enrique Pérez Guerra.

Condenado el expárroco de Can Picafort por violar más de diez veces a una niña de diez años

Lunes, 4 de Julio de 2016 por monstresdecameva

Pere Barceló, expárroco de la localidad mallorquina de Can Picafort, ha sido condenado a seis años de cárcel por violar más de diez veces a una niña de diez años. El caso fue denunciado en el documental “Els Monstres de casa meva”, en su versión especial para el programa 30 Minuts de TV3. En ella, el ahora periodista y entonces catequista Mateu Ferrer, relataba cómo fue testigo visual de los abusos a la niña, y cómo su denuncia en 1997 fue archivada. La víctima, que se mantuvo en silencio durante todos estos años, se decidió a denunciar después de ver el documental. Recibió en ese momento el apoyo incondicional de su familia.

El cura fue expulsado de la Iglesia en 2013, después de que el Tribunal Eclesiástico de Mallorca dictara una sentencia ante los indicios de “gravísimos” delitos sexuales. Fue el primer sacerdote en España en ser apartado de forma definitiva antes de un juicio por pederastia. El expárroco se enfrentaba inicialmente a una petición de 42 años de cárcel por parte de la fiscalía, que finalmente ha calificado los hechos como un delito de agresión sexual continuado con penetración bucal y acceso carnal a una menor y recogiendo las atenuantes de confesión y reparación del daño. El obispado de Mallorca indemnizó con 30.000 euros a la víctima para resarcir el “daño moral” causado. Pere Barceló ha reconocido las violaciones.

Esta no ha sido la única denuncia contra Pere Barceló por abuso sexual, sin embargo es la única que ha prosperado: las otras dos denuncias presentadas por otras jóvenes, han sido archivadas por haber prescrito o por falta de pruebas.

Ver “Els monstres de casa meva” en el 30 Minuts de TV3

Cómo lo hemos vivido nosotros

Noticia en El País

Noticia en IB3 Televisión

Edad de consentimiento

Domingo, 9 de Febrero de 2014 por monstresdecameva

Recientemente se aprobó en España aumentar la edad de consentimiento para la actividad sexual de 13 a 16 años. Os mostramos este artículo de Félix López al respecto. Félix López es el autor del único estudio a nivel nacional sobre abuso sexual a menores, por lo que su opinión es de gran interés.

“Estamos a punto de sufrir las consecuencias de otro bandazo propio de nuestra clase política, más atenta a las encuestas que al uso de la racionalidad, al estudio serio y reflexivo de las decisiones y al consenso internacional y nacional.

Quienes conocen mi trayectoria profesional (responsable de la única investigación, con una muestra nacional, sobre los abusos sexuales a menores, y con numerosas publicaciones de fácil acceso sobre la prevención, detección, denuncia e intervención en este campo) saben que hemos hecho lo posible por evitar los abusos sexuales y ayudar a las víctimas. Pero precisamente por ello nos sentimos obligados a participar en este debate.

No hace muchos, en España, la edad de consentimiento estaba en 12 años. Fue cambiada a 13. En nuestras publicaciones e intervenciones sociales y académicas venimos insistiendo en que los 13 años es una edad muy baja, la más baja de Europa . A todos los padres, y a la inmensa mayoría de ciudadanos, nos escandaliza, por ejemplo, que un adulto de 50 años tenga relaciones con una chica de 13 años y que, si ésta consiente, no podamos intervenir desde el punto de vista penal.
Pero ahora se ha producido una reacción pendular, por ciertos casos que han creado alarma social. El resultado es que se pretende subir a los 16 años la edad legal para el consentimiento de la actividad sexual.

¿Por qué no nos parece adecuado?

En primer lugar, porque en torno al 50% de adolescentes españoles, de los dos sexos, han mantenido relaciones sexuales, incluyendo el coito, entre los 15 y 17 años. Estas relaciones pueden ser con otros de igual edad o menores; pero también con mayores, y son en la mayoría de los casos consentidas. ¿Cómo vamos a diferenciar, en tantos casos, si se trata de un abuso sexual o de una conducta que no puede ser perseguida penalmente? Yo creo que es meter a ley y al sistema judicial en un caos imposible de manejar, porque no se acepta que puedan consentir hasta los 16 años. Es decir, en este caso, creemos que la edad propuesta es excesiva.
Parece que el nuevo código se limita, para manejarse en este berenjenal, a señalar que estas conductas sexuales, si sin consentidas, con personas de edad semejante, no serían punibles penalmente. ¿Pero qué es una edad semejante? ¿Cuál es la asimetría de edad o de nivel de desarrollo de que estamos hablando? En definitiva, creemos que poner la edad de consentimiento por encima de 14 o 15 años no tiene en cuenta la realidad social. Por otra parte, no definir en concreto que asimetría de edad entre el menor y el mayor es inaceptable, aunque el menor consienta, deja en manos de los jueces una decisión frecuentemente discutible, por lo que, además de sus dudas, recibirán presiones de todo tipo.
¿Qué pueden decidir cuando una chica de 15 años y 11 meses tiene relaciones consentidas con un chico de … (el lector puede ir poniendo ejemplo: 18 años, 20, años, 25 años, 30 años, etc.) Precisamente por esta dificultad y para evitar la subjetividad y las presiones, numerosos códigos precisan una determinada asimetría de edad. Esta decisión siempre es discutible, como la edad del consentimiento, pero al menos facilita la labor de los jueces e indica a los ciudadanos a qué deben atenerse.

En segundo lugar, me temo que esta medida se enmarca en un crecimiento de la sexofobia, tan anglosajona, en la que, como venimos denunciando, todo el acento se pone en los riesgos, según los define el pensamiento conservador. Por ejemplo, estamos de acuerdo en que los abusos sexuales a menores son una forma de maltrato, pero ¿cuáles son las otras formas de maltrato sexual que olvidan y por qué lo hacen? ¿No aceptar la identidad sexual transexual o la orientación del deseo no es tan grave como sufrir abusos sexuales?

¿Qué proponemos?

En relación con la edad de consentimiento defendemos que está sea fijada en los 14 años, edad penal, por otra parte, en España, o los 15, dando, en este asunto tan discutible, prioridad a un consenso europeo. Este consenso es fundamental en un mundo globalizado y en una Europa unida. Es una vergüenza que tengamos una moneda única, pero no una edad de consentimiento de la actividad sexual para toda la comunidad europea. Esto hace que tener relaciones con una menor pueda ser penalmente castigado o no (y hablamos, con frecuencia, de numerosos años de cárcel) según la edad de consentimiento que rige en cada país. Por ello proponemos, como prioridad, uniformar la edad de consentimiento en toda Europa. El turismo, las emigraciones y la globalización obliga a ello.

A partir de los 14 años, consideramos que los adolescentes están sujetos a un tratamiento penal, aunque sea específico hasta los 18. Elevar la edad de consentimiento a los 14 nos parece equilibrado, también porque solo una minoría tiene relaciones antes de esta edad, lo que nos permite manejar mejor este asunto tan difícil. ¿O es que queremos apoyar la moral católica con el código penal? No debe olvidarse que la “edad de consentimiento” en el código penal señala una raya roja que no debe sobrepasarse, sin entrar en la valoración familiar o social sobre la edad más apropiada para empezar a tener relaciones sexuales, incluidas las coitales.
Nosotros proponemos esta edad como edad de consentimiento y una asimetría de edad entre 5 y 10 años para la actividad sexual entre los 14 y 16 y los adultos, de forma que si ésta, la asimetría concreta que finalmente se fije, se supera, el mayor debe ser perseguido penalmente, aunque haya consentido el menor. De esta forma los menores de 16 años están protegidos de los adultos distanciados en edad.

A los 14 años todo adolescente, salvo limitaciones concretas que se pueden definir, debería saber que involucrarse en actividades sexuales con adultos que tienen diferente nivel de desarrollo, conocimiento, experiencia, poder, etc., entraña riesgos. Y los adultos debería respetar a los menores y, si no lo hacen, superados estos límites, serían perseguidos.

Por supuesto, lo padres tienen el derecho y el deber de ayudar a los hijos con informaciones y consejos., también en el campo sexual. A ellos les corresponde transmitirle valores familiares en los que creen y admitimos que éstos puedan ser diversos. A los educadores les corresponde transmitirle conocimientos y valores universales, entre los que están, por ejemplo, que toda actividad sexual debe ser consentida y saludable, evitando prácticas de riesgo y experiencias que puedan resultar traumáticas con adultos que puedan manipularlos, engañarlos, seducirlos, etc. Debemos ayudarles con conocimientos y consejos a que adquieran habilidades para decidir en libertad informada, combatiendo los viejos y los nuevos mitos sobre sexualidad. No podemos, por ejemplo, olvidando los datos, hacer intervenciones de educación sexual como si todos los adolescentes tuvieran o debieran tener actividad sexual. Ayudarles a ser autónomos, con el derecho a tener biografías sexuales y amorosas diferentes, esto es lo propio de una sociedad abierta, en lugar de querer imponer la abstinencia a todos o comercializar con la sexualidad empujándoles, de una u otra forma, a tener relaciones sexuales incluso desde la primera adolescencia.
Y de paso, señalar que venimos pidiendo que se cambie la tipología del maltrato a los menores (anglosajona y sexofóbica). Proponemos que incluya la categoría general de maltrato sexual que debería tipificar, al menos, los abusos sexuales a menores, los matrimonios concertados con menores, las mutilaciones sexuales, la explotación comercial de la sexualidad infantil (prostitución de menores, pornografía infantil, la captación de menores por Internet, etc.), la no aceptación de la transexualidad y homosexualidad, así como la negligencia sexual grave negando informaciones y ayudas básicas a los menores. Todas estas formas son maltratos que afectan gravemente a la vida sexual y amorosa de los menores y con los años, de los adultos. Hemos de aceptar y defender la sexualidad infantil y adolescente, con un enfoque positivo e incluir en código penal, de forma explicita toda forma de maltrato sexual, no solo los abusos sexuales a menores.”

Félix López Sánchez
Catedrático de Psicología de la Sexualidad
Universidad de Salamanca
flopez@usal.es

La lección de aquel niño a los sacerdotes cómplices del abuso

Jueves, 18 de Abril de 2013 por monstresdecameva

La inhabilitación en el sacerdocio de Pere Barceló, hasta hace poco párroco de Can Picafort (Mallorca), ha sido consecuente a la denuncia que pesa sobre él por pederastia. Esta resolución de la diócesis palmesana sienta precedente en España. Sin embargo, aunque sea consecuente con el actual dictado vaticano de Tolerancia Cero, una buena parte del sacerdocio, sobre todo cercano a este señor no ha dudado en salir en su defensa

Enrique Pérez Guerra a sus 57 años trabaja educador social en Fiscalía de Menores de Palma de Mallorca. Teniendo 12 doce años y cuando vivía en Zaragoza fue también víctima de abuso por un sacerdote. Esta experiencia quedó reflejada en su libro Las Tardes Escondidas. En estas líneas trata de dar respuesta a esa parte del clero.

Hay veces que la discreción tiene difícil cabida. Sobre todo porque hay quien previamente no la cultiva.

No sería de recibo delatar a un tal Juan Gamundi (diácono) por su empeño en dejar libre de toda responsabilidad al párroco de Can Picafort para lo cual no duda en dar avistamiento a un complot. O a Juan Pons (párroco de Sa Pobla) que para el mismo fin llega a comparar los últimos días de Cristo con el procedimiento judicial y eclesiástico en marcha. O a Mulet Bujosa (párroco de Capdepera) quien con su sentencia “Perdoné y sanseacabó” reduce el decálogo del buen niño abusado a mantener el silencio, cargar sobre sí toda la culpa y apuntalar la impunidad del pederasta. O al mismo Pere Fiol, actual sucesor en la parroquia, que, admitiendo que tuvo lugar la relación perversa, responsabiliza de ella a la denunciante. ¡Por provocadora! El que ella fuera entonces una niña de diez años apenas tiene importancia.

No sería de recibo delatar a estas personas, siempre y cuando ellas no se hubiesen delatado antes a sí mismas. Su proceder ya les ha puesto en evidencia.
Había perdido mi lugar en la vida. No había voz que me orientara y es que tenía miedo. Pasar inadvertido era un mandato al que no podía sustraerme. El silencio tenía que estar presente entre mi persona y el mundo, continuamente; sin tregua ni descanso.

Hundido en aquella incomunicación sólo me quedaba buscar un nuevo lugar a través del enjambre de sobreentendidos que flota en el aire. La vida elude allí las concesiones. Cuando no hay voces te agarras a lo que se supone que diría alguien que hablase.

Llegado ese momento, no se sabe hasta qué punto una infancia se puede traicionar a sí misma.

¿Por qué me llegué a infringir autolesiones, por qué lo suspendía todo en el colegio, por qué mi mirada quedaba atrapada minutos y hasta horas en cualquier punto o por qué evitaba salir de casa y dentro de ella hacía de la soledad mi refugio?

Poco os importa, ya lo sé. Si voy a responder a estas preguntas no es en la esperanza de que mi pasado sea por vosotros escuchado. Simplemente trato bajar a las catacumbas y cerrar filas con tantos como hay allí y que tienen la luz negada.

El Padre Javier, gozaba de alto aprecio entre la feligresía. Persona afable, risueña y mansa hasta el extremo. Sin embargo, en aquella celda y conmigo dentro, la realidad era otra bien distinta. Yo lo sabía. La discordancia era absoluta. Algo fallaba y, como el mundo entero no podía estar equivocado, la solución estaba clara: la culpa tenía que estar dentro de mí.

Si continuaba acudiendo era sobre todo por miedo; miedo a no satisfacerle pero lo que allí ocurría estaba yendo demasiado lejos. Yo era un ignorante y no podía precisar a qué extremo él quería llevarme. Eso no era óbice para que una señal de alerta se encendiera dentro de mí. Dejé de acudir unos días, no me acuerdo cuantos, hasta que me anuncian en casa su próxima visita.

Creí entonces que venía a delatarme. Mis padres iban a ser informados de mi perfidia e impudicia.

Yo, chico obediente como pocos, tracé el mapa para fugarme de casa. Si la fuga fracasaba, la única alternativa que mi mente adivinaba era el suicidio.

Por supuesto que su objetivo era otro distinto a la delación: recuperarme.
En ésas andaba yo; frontera entre los doce y los trece años.

Tal vez cupiese duda entonces pero con el tiempo he demostrado que necio no era.

Siendo así, ¿por qué no escuché esa voz? En aquella sociedad nada me transmitió que yo era digno de oír algo tan sencillo, tan humano y tan de común sentido como: “¿No es cierto que tú llegaste hasta él para confesarle tu vocación religiosa?¿No es cierto que lo último que hubieses esperado encontrar es lo que descubriste allí? ¿No es cierto que hiciste lo que pudiste por impedirlo? ¿No es cierto que en ningún momento te agradó?”
Ese mensaje nadie ni nada me lo transmitió. Tuve que ser yo quien lo descubriera, ya de adulto. Ahora lo encuentro, cada día envuelto en la sonrisa de quienes respiran aceptación, tolerancia y comprensión.

Jamás lo esperaré de vosotros.

Por si satisface alguna la curiosidad, todavía me llamaban Kike.

A pesar de la guerra de Oriente Medio, la transición, la caída del Muro y las Torres Gemelas, la globalización, la crisis…
A pesar del ecumenismo, la teología de la liberación, las comunidades de base, el largo pontificado de Juan Pablo II, la tolerancia cero, la llegada al trono de San Pedro de alguien que con su nombre rinde homenaje a San Francisco de Asís…
A pesar de todo eso y de cuarenta años largos por medio, el enjambre de sobreentendidos continúa presente. Igual que de niño yo lo escuchara.

Al mensaje que entonces callado me llegaba vosotros ponéis ahora palabra. La carga es para el débil y la condena para el inocente.

Valedores de la bondad de un compañero vuestro, pederasta sin cuartel, sois desde luego prueba de que no todo en este mundo cambia.

Para mayor abundamiento en la curiosidad, cabe dejar constancia que esta facilidad mía para la escritura poco tardaría en asomar sus primeros brotes. De tanto dejar hablar, no me quedaba otra que hacer del papel mi confidente.
La vocación que hasta esa relación me llevara se había alimentado de santas estampitas y los conocimientos teológicos que portaba no alcanzarían más allá de una catequesis de primera comunión. Sin embargo, tengo claro que la llama de amor cristiano alumbraba más intensa y más limpia en el corazón de Kike que en el vuestro.

Enrique Pérez Guerra
Palma de Mallorca, a 8 de abril de 2013.

Reacciones a la destitución del expárroco de Can Picafort

Martes, 2 de Abril de 2013 por monstresdecameva

Enrique Pérez Guerra, uno de los protagonistas del documental, reflexiona sobre la expulsión de Pere Barceló Rigo de la Iglesia por abusar de tres menores.
Como sabéis, Enrique sufrió abusos por parte de un sacerdote cuando tenía 12 años, y todos le conocían como Kike. Hoy es educador en Fiscalía de Menores. Esta es la carta a los periódicos que ha escrito Enrique, dirigida a una de las víctimas de abusos por parte del párroco expulsado. El actual párroco de esa misma parroquia, criticó gravemente hace unos días a la víctima, por haber denunciado.

A “Ana F.” (de otra víctima de abuso por un religioso)

No olvidaré cuando salía de la celda de aquel convento. La tarde estaba avanzada. La ciudad, aquella Zaragoza de 1968 y 1969, se hacía demasiado grande para agarrarme a ella y demasiado pequeña para encontrar un escondite entre sus sombras.

Escribo esto porque no sé comenzar una carta para ti.

Entonces quedé atrapado en el silencio; un silencio que tú y yo conocemos en toda su entraña.

De mi boca no salía una palabra. Y no lo hacía por una razón: poner en cuestión aquel catolicismo sórdido, más propio de la inquisición, era para un niño algo impensable.

De cara a una hipotética denuncia el veredicto estaría escrito de antemano: todo en mi contra.

Un dictado así se escribe en el aire y una infancia, siendo víctima de abuso, la lee desde el silencio.

“Ana” (utilizo este nombre ficticio para proteger tu confidencialidad), perdona que me esté dirigiendo a ti desde un espacio público. Si lo estoy haciendo es para que se enteren también los otros; los que están al otro lado… en nuestra contra.

Con el tiempo llegas a pensar que los monstruos del pasado son sólo pasado. Lo piensas o lo quieres pensar.

Estos días toda España escucha del actual Párroco de Can Picafort, heredero del inefable Barceló, que lo que a ti te hicieron tiene disculpa porque eras una puta. No emplea esta última palabra pero la deja caer a plomo.

Pareciera que estuviésemos en la España de antaño y no la de los noventa que te toco sufrir, sino más atrás, la de los sesenta, puro franquismo, que dejaron cicatriz en mi memoria.

Salir en tu defensa sería hacer el juego al disparate. Lo que resulta una infamia es que un emisario de la voz de Cristo trate de aplastar, además de manera tan rancia, la memoria de una niña de diez años.

Es el mismo catolicismo negro cuyo reinado yo leía en cada rincón de la ciudad. Una vida en la fe cobarde, solícita con los poderosos y traidora hacia el necesitado.

Lo que tratan estas voces de hacerte ahora no será calificable como complicidad penal pero es, a manos llenas, una complicidad moral.

Sin embargo, no te quepa la menor duda, mucha gente de buen corazón, a la que no ves, estamos hoy a tu lado.
Has denunciado a ese monstruo y has hecho bien. Hacerlo es dejar en alto los más elementales principios éticos, el sentimiento humanitario y hasta la lógica.

“Ana”, permite que te diga pero ¡tira palante! Porque detrás de la defensa de tu dignidad está la dignidad de muchos.

Gracias.

El párroco expulsado también ha recibido el apoyo del actual párroco de otra localidad de Mallorca, Capdepera, que asegura que también sufrió abusos en la infancia, y que defiende el perdón como la mejor vía de actuación contra los pederastas, por encima de su expulsión de la Iglesia.

Esta es la reflexión de Enrique, en referencia a las declaraciones del párroco de Capdepera:

Ante el abuso: la distancia entre verdad y perdón

Hace cincuenta y cinco años ”Perdoné y sanseacabó”.

Con esta confidencia el párroco Mosén Miquel Mulet trata de descalificar a la mujer que ha denunciado por abuso al que, hasta hace poco, fuera párroco, a su vez, en Can Picafort. Se ofrecería así él como ejemplo vivo de cómo se tiene que soportar la condición de víctima de abuso a manos de un religioso.

De entrada, lamento que su infancia, al igual que la de esta mujer y que la mía, haya conocido esa experiencia.

Ahora bien, para nada estoy de acuerdo con salir en defensa del abusador y, menos aún, hacerlo a costa de cargar culpas sobre la víctima.

Para nada. Primeramente, el perdón es un favor del que puede llegar, o no, a hacerse merecedor el culpable y cuya concesión es graciable… voluntaria… discrecional a la víctima.

¿Ha dado atisbos D. Barceló de dolor de los pecados, acto de contrición y propósito de la enmienda? Todo lo contrario: Quince años de prepotencia, desprecio y mentira.

Las víctimas no estamos obligadas a perdonar. Quien tiene todas las obligaciones es la otra parte. Y no me refiero a pedir perdón con la boca chica, para salir del paso, con quince años de retraso y porque la evidencia ha llegado a las alturas.

Aquí, ni tan siquiera es ese el caso.
“Perdoné y sanseacabó”. ¡Qué mal me suena ese “sanseacabó”!

Ese niño o esa niña se somete; queda enterrado bajo una losa de silencio y de olvido. A partir de ahí queda lavada la imagen del culpable, se ha salido en rescate de la hipocresía colectiva y se apuntala un status quo injusto. Todos contentos… “sanseacabó”.

El único fallo es que el peso de la operación recae entero sobre la parte más débil.

El silencio es mal compañero en este viaje. Yo mismo podría dar cumplida cuenta de ello.

Si esa infancia tiene que callar es porque tiene algo que esconder y si tiene algo que esconder es porque no es inocente. Los sentimientos así lo dictan y la sociedad intolerante, con portavoces como usted por delante, se encarga de recordarlo.

Con el ejemplo que brindas no estás invitando a la magnanimidad. Arrojas a la humillación.

La verdad sólo es tal cuando no se instaura de espaldas al conocimiento. La verdad discreta, para salir del paso y fingir que aquí nada ha pasado tal vez sea tu propósito. No pretendas que sea el nuestro.

La Iglesia condena al ex párroco de Can Picafort por abusos sexuales

Jueves, 21 de Marzo de 2013 por monstresdecameva

El Tribunal Eclesiástico ha considerado al ex párroco de Can Picafort culpable de abusar sexualmente de varias niñas, y le ha condenado con la expulsión del sacerdocio. Es el primer caso en España en el que se aplica la doctrina de “tolerancia cero” marcada por el anterior Papa, Benedicto XVI.

El caso de este sacerdote, Pere Barceló Rigo, fue denunciado en la versión de “Els monstres de casa meva” que hicimos para el programa 30 Minuts de TV3. En él, un catequista, Mateu Ferrer, denunciaba cómo hacía 13 años había sido testigo de los abusos del párroco a una niña. En su momento, Mateu denunció el caso pero fue archivado por falta de pruebas. Más de una década después, tras el testimonio de otra de las víctimas y la polémica suscitada por la emisión del documental, la Iglesia apartó al sacerdote de la parroquia y abrió un juicio canónico contra él.

Paralelamente, la víctima de la que hablábamos en el documental, decidió romper el silencio de tantos años y denunció el caso ante la Justicia civil. Otras tres víctimas más también han planteado sus denuncias, y el sacerdote está imputado por presunta violación.

Noticias relacionadas:
La Iglesia expulsa a un cura de Mallorca por abusos a menores. El País
La Iglesia de Mallorca expulsa a un sacerdote por pederastia. ABC
La Iglesia expulsa a un cura de Mallorca por abusos sexuales a niñas. El Mundo
La iglesia expulsa al cura de Can Picafort por abusos a menores. Diario de Mallorca
El expárroco de Can Picafort, expulsado del estado clerical por pederastia. Última Hora

´Cuando el cura vio que no lo denunciaba, pasó de los tocamientos a las violaciones´. Diario de Mallorca.


El rector de Can Picafort defiende al cura pederasta y ataca a las víctimas. Diario de Mallorca.
El actual párroco de Can Picafort justifica a su predecesor. Última Hora.
El obispo de Mallorca ataja los apoyos al acusado de pederastia. El País.
El obispo ´no se lava las manos´ y toma partido por ´las víctimas´ del pederasta. Diario de Mallorca.

Esta vez perdió el cura pederasta. El País.

Cómo lo hemos vivido nosotros

Últimas noticias sobre el expárroco de Can Picafort

Miércoles, 20 de Febrero de 2013 por monstresdecameva

Los procesos penal y el canónico que se siguen contra el expárroco de la localidad mallorquina de Can Picafort, imputado por violar presuntamente de manera repetida y continuada a una niña en los años 90, continúan adelante.

Os dejamos aquí los últimos enlaces a las noticias generadas a raíz de este caso, que denunciamos en la versión de “Els montres de ca meva” para el programa 30 Minuts de TV3.

Una joven denuncia al expárroco de Can Picafort por violarla cuando era niña. 23 de diciembre de 2012

El obispo apartó al cura de forma fulminante tras conocer otro supuesto caso. 23 de diciembre de 2012

La juez imputa al expárroco de Can Picafort por violar a una menor. 6 de febrero de 2013

El expárroco de Can Picafort: “Soy inocente y todo se aclarará”.13 de febrero de 2013

Así hemos vivido nosotros este proceso.

Si quieres ver la versión del documental que hicimos para TV3, entra aquí

A veces servimos para algo

Lunes, 28 de Enero de 2013 por monstresdecameva

Muy a menudo pienso y digo que un documental puede hacer muy poco o nada para cambiar el mundo o, simplemente, para ayudar a alguien. Me equivoco.

Efectivamente, nosotros solos, los que hacemos documentales, poco podemos hacer. Pero es que no estamos solos, trabajamos con más gente: los que aparecéis en los documentales, los que los veis, los que los difundís en redes sociales, los que los programáis en televisión, los que habláis de nuestros temas en casa, con los amigos, en el bar. Y los que actuáis.

“Els monstres de ca meva” se estrenó a principios 2010 en IB3, la televisión de Baleares. Lo vio bastante gente en ese momento, y mucha más gente después, en todo el mundo, gracias a la decisión de colgarlo en Internet de manera gratuita. A día de hoy siguen siendo muy numerosos los visionados y su uso por universidades de todo el mundo, grupos de víctimas y espectadores en general.

A finales del mismo año, después de ver “Els monstres de ca meva”, alguien de Save the Children a quien no conozco, le contó a una periodista de TV3 que existía este documental. A raíz de eso, salimos en el informativo de TV3 y en el programa Millenium, y recibimos la llamada de Eduard Sanjuán, director del “30 Minuts” para hacer una versión específica del documental para su programa.

Por aquel tiempo, Enrique Pérez Guerra, uno de los protagonistas de “Els monstres de ca meva” y ya gran amigo, había publicado una carta en un periódico local, hablando del tema de los abusos. A raíz de esa carta, se presentó en su trabajo un sacerdote mayor, que tenía una espina clavada: aseguraba que el párroco de Can Picafort, Pere Barceló Rigo, había cometido abusos, presuntamente, contra varias niñas. Y no quería morirse sin hacer algo. Ese sacerdote le habló a Enrique de un catequista, que hacía 13 años había sido testigo de cómo el párroco abusaba de una niña. El catequista denunció en su momento los hechos ante la Guardia Civil, pero la niña negó los abusos. La fiscalía archivó el caso por falta de pruebas. El catequista también se quedó con una espina clavada.

Pasaron los años, la conciencia social sobre los abusos y el dolor de las víctimas aumentó. Aparecieron asociaciones para ayudarlas, entre ellas la Red de Ayuda a Niños Abusados (RANA). Nosotros hicimos el documental. Y en ese momento otra chica acudió a RANA, contando que había sufrido abusos por parte del párroco. RANA actuó discretamente y se puso en contacto con el Obispado.

Enrique Pérez Guerra nos contó cómo estaban las cosas, justo cuando preparábamos la versión de “Els monstres de ca meva” para TV3. Y quiso presentarnos al catequista, para que le propusiéramos participar en el documental. Para mi sorpresa, era Mateu Ferrer, periodista del Diario de Mallorca, con el que yo había coincidido en tertulias de radio, y por el que sentía gran respeto y aprecio. Mateu estaba dispuesto a hacer algo, y a no consentir que las cosas siguieran así. Quedamos con él. Me acuerdo mucho de una frase que dijo: “na Marta está fent això, i jo no estic fent res” (Marta está haciendo esto y yo no estoy haciendo nada). ¡Y vaya si acabó haciendo! La secuencia del documental en la que Mateu y Enrique hablaban del caso, fue uno de los momentos clave de esta historia.

La versión de “Els monstres de ca meva” para el “30 minuts” se llamó “Els monstres de casa meva”. Cuando se emitió, pocos medios se hicieron eco del caso de los presuntos abusos del párroco de Can Picafort. El primero fue un diario digital, “La Veu de Mallorca”, que lo contaba con mucho más detalle todavía que nosotros. Televisió de Mallorca también dio una amplia difusión a la noticia. Más tarde, se fueron incorporando otros medios. El obispado inició una investigación canónica y apartó a Pere Barceló Rigo de la parroquia.

Lo que cuento a partir de ahora, lo sé desde hace muy pocos días.

Una chica que vivía en Barcelona, escuchó en la radio el caso del párroco de Can Picafort. Vio el documental. Contactó con RANA. Declaró que ella también había sido abusada.

La chica cuyos abusos presenció Mateu se enteró de la destitución del párroco. También vio el documental. Finalmente, rompió su silencio. Recibió el apoyo de su familia. Contactó con Mateu que, emocionado, se sacó la espina que tenía clavada desde hacía 15 años. Y en ese gesto, esa chica valiente, dio sentido a nuestro trabajo.

Querida amiga, ya no volveré a decir que nuestro trabajo no sirve para nada. Gracias. Muchas gracias.

Esa chica valiente denunció al párroco y, además del proceso canónico, se abrió uno penal en el que se imputó a Pere Barceló Rigo por presunta violación. Dos chicas más también denunciaron que el párroco abusó de ellas, y un testigo más, que en su momento negó conocer los abusos, se retractó y los admitió. Pocas semanas después, el Tribunal Eclesiástico condenó al ex párroco por abusos y le expulsó del sacerdocio. Es el primer caso en España en el que se aplica la doctrina de “tolerancia cero” marcada por el Papa Benedicto XVI, para hacer frente a las numerosas denuncias por pederastia.

Para que el mundo cambie, hace falta mucha gente. En este caso, han intervenido muchas personas, que dieron su testimonio, su apoyo, su ayuda, sus palabras, sus acciones, su perseverancia, su confianza. Es una maravilla ver el resultado del trabajo en equipo. Os damos las gracias a todos, por dejarnos formar parte de este equipo.

Marta Hierro

Si quieres ver la versión del documental que hicimos para TV3, entra aquí.

« Anteriores